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El pasado viernes tuvo lugar la Marcha por la Vida en Washington. Desde que en 1973 el Tribunal Supremo legalizó el aborto, por primera vez acude un vicepresidente, Mike Pence, a la marcha por la vida contando además con el apoyo del Presidente de Estados Unidos y la Casa Blanca.

También asistió la asesora del presidente Donald Trump, Kellyanne Conway. Se define como esposa, madre, católica, consejera del presidente de Estados Unidos y sí, provida. Ha asegurado que la administración Trump está comprometida con la protección y la defensa del niño en el seno materno y que se trata de “un nuevo día y un nuevo amanecer” para la vida en Estados Unidos.

"Nuestro mensaje y nuestras acciones también deben alcanzar a aquellas mujeres que se enfrentan a embarazos no planificados. Ellas deben saber que no están solas, que no se las juzga, que ellas también están protegidas y cuidadas y celebradas”, ha afirmado entre los aplausos de los presentes en el acto. "Os escuchamos, os vemos, os respetamos, caminamos y marchamos con vosotros”, ha culminado su discurso Conway, dirigiéndose a los presentes en la marcha en defensa del derecho a la vida.

Una de las primeras medidas de Donald Trump como presidente ha sido impedir que fondos públicos financien organizaciones que promueven o realizan abortos en el mundo. Retirará los fondos a la multinacional abortista Planned Parenthood, como explicó el presidente de la Cámara de representantes de EEUU. Esta semana la senadora Joni Ernst presentará un proyecto de ley “para redirigir las subvenciones de Planned Parenthood a verdaderos centros de cuidado de la salud de mujeres” pues esta multinacional del aborto “ha matado más de siete millones de niños desde 1973” según ha afirmado el congresista Chris Smith en la Marcha por la Vida.

Y es que algo ha empezado a cambiar desde que Trump preside EEUU: dio su apoyo a la manifestación provida a través de Twitter y respaldó la presencia de Pence, que acudió a título personal y gubernamental.

Pese a las continuados y constantes intentos de los medios y la clase política para convencer a su público de que se trata de un “tema zanjado”, un “debate superado”, los datos cuentan una historia muy distinta pues ya más de la mitad de los americanos se define provida, y la del aborto no solo es una polémica central en el discurso cultural, sino que el bando provida está empezando a ganarla.